Que el consumo de vino en España ha caído en los últimos años no es un secreto. Que las bodegas cada vez tienen que hacer más esfuerzos para llegar a los consumidores compitiendo ferozmente en mercados nacionales e internacionales, tampoco. Las empresas vitivinícolas necesitan buscar nuevas estrategias promocionales para atraer la atención de sus compradores, que en muchas ocasiones son empresas distribuidoras.
Hay muchos estudios y artículos publicados con datos del mercado español del vino. Entre ellos podemos señalar los de la Federación Española del Vino (FEV), los del Observatorio Español del Mercado del Vino (OEMV), los de la Federación Española de Industrias de Alimentación y Bebidas (FIAB) o los de revistas especializadas como ‘Distribución y Consumo’ y la propia ‘La Semana Vitivinícola’.
Vamos a recordar los datos más relevantes.
De acuerdo con los datos del panel alimentario del Ministerio de Medio Ambiente y Medio Rural y Marino (MARM) (1), entre 2000 y 2010, el consumo de vino en España ha pasado de 1.310 a 727 millones de litros anuales, lo que supone un descenso del 45%.
El descenso no se ha producido únicamente en volumen absoluto. El consumo por persona ha pasado en el mismo periodo de 30,6 a 16,5 litros al año (un 46% menos) .
Si hablamos en términos económicos, el mercado ha tenido en términos absolutos un aumento del 24% en valores corrientes y un descenso del 7% en valores constantes (2) y un descenso del 10% en valores corrientes y del 25% en valores constantes del gasto anual medio por persona.
Los vinos sin indicación geográfica (antes llamados vinos de mesa) son los que han sufrido un descenso más acusado. En porcentaje sobre el total del consumo, el vino de mesa suponía en el año 2000 casi el 70% del total del vino consumido y en el año 2000 el porcentaje había bajado a menos del 50%.
La caída en términos de volumen y de consumo por persona ha sido continua, y se ha dado en todos los ámbitos pero principalmente en el extradoméstico, ya que mientras el consumo de vino de mesa en el hogar ha caído aproximadamente un 50% entre el año 2000 y el 2010, fuera de los hogares en el mismo periodo la caída fue de más del 70%.
Los vinos con denominación de origen o indicación geográfica (antes v.c.p.r.d.), han tenido un comportamiento distinto.
En porcentaje sobre el total del consumo, en 2000 los entonces v.c.p.r.d. suponían poco más del 20% del total del vino consumido. En el año 2010, los vinos con D.O. o indicación geográfica alcanzaron prácticamente el 40%.
En términos de volumen, el descenso de consumo entre el año 2000 y el 2010, fue del 3% en términos absolutos y del 12% en consumo por persona. Pero no solamente el descenso en el consumo ha sido mucho menor que en el vino sin indicación geográfica, sino que no ha sido continuo, y entre el año 2000 y el 2005, el consumo creció más de un 20% y ha descendido desde entonces. El mercado doméstico y el extradoméstico se han comportado de forma totalmente distinta, porque en el hogar el consumo de vinos con denominación de origen o indicación geográfica protegida ha crecido de forma notable tanto en valores absolutos (un 80%) como en consumo individual (casi un 50%) y fuera de él, ha disminuido significativamente de nuevo en valores absolutos (37%) e individuales (45%).
En cuanto a la relación entre precio y consumo, los vinos de mesa y los vinos con D.O.P. o I.G.P. también se comportan de forma diferente. Mientras los vinos de mesa tienen una correlación positiva entre precio y demanda y muy elástica (entre 2004 y 2010 el precio en términos reales del vino de mesa disminuyó un 12% y el consumo se contrajo un 34%), los vinos con D.O.P. e I.G.P., tienen una correlación negativa y muy elástica (entre 2004 y 2010 el precio en términos reales del vino con D.O.P. o I.G.P. disminuyó un 13% y el consumo aumentó un 37%).
Los vinos espumosos han tenido una tendencia estable. No pueden sacarse conclusiones muy exactas teniendo en cuenta que en los datos del panel de consumo alimentario, desde 2009 los vinos espumosos con denominación de origen o indicación geográfica se han sumado a los datos de vinos con denominación de origen o indicación geográfica, por lo que el descenso recogido en esos años puede deberse simplemente a cambios en el método estadístico.
En el epígrafe “otros vinos” sí se ha producido un aumento notable del consumo tanto en valores absolutos (de 32 a 55 millones de litros) como individuales (de 0,85 a 1,24 litros por persona y año).
La suma vinos espumosos y otros vinos arroja unos valores que se han mantenido en torno al 10% del mercado a lo largo del periodo estudiado.
Para entender mejor la evolución del mercado, es necesario situar el vino en el contexto del conjunto de bebidas.
Si sumamos el consumo de toda clase de bebidas (alcohólicas y no alcohólicas) en España en los últimos diez años, se pasó de 9.265 millones de litros en el año 2000 a 10.087 millones en el 2010 (un incremento del 9%). En términos de consumo por persona, cada español consumió 231 litros en el año 2001 y 227 en 2010, es decir, se mantuvo aproximadamente igual.
Estas cifras parecen indicar que el consumo de bebidas ha alcanzado un nivel estable en términos de consumo individual y que el crecimiento en el mercado de bebidas solamente puede hacerse o bien aumentando el número de consumidores o bien a costa de otra bebida.
Parece que las bebidas no alcohólicas han incrementado su cuota de mercado en unos diez puntos porcentuales (del 60 al 70% aproximadamente) y que este incremento ha sido sobre todo a costa de los vinos, cuya cuota de mercado ha caído del 14 al 7%).
Las bebidas no alcohólicas han experimentado un crecimiento en su consumo de casi 20 litros por persona y año a costa de las bebidas alcohólicas.
Es llamativo que el decrecimiento en el consumo de bebidas alcohólicas se haya producido especialmente en el sector extradoméstico (el 96% del descenso) y a partir del año 2005, que alcanzó el máximo de consumo con 65 litros por persona.
Hay varios factores que pueden explicar este comportamiento. Un estudio de la Universidad de Castilla-La Mancha ha buscado los factores que explican la evolución de la demanda, de la oferta y del precio del vino en España entre los años 1985 y 2006 y ha encontrado que en estas variables influyen diversos factores como el precio del mercado interior, el precio de exportación, el gasto total de los hogares, el consumo de cerveza o la población.
El precio del mercado interior depende sobre todo del precio de exportación y de la cantidad exportada, lo cual es coherente con la situación de producción excedentaria que existe en España desde hace años (la producción se mantiene alrededor de 35-40 millones de hectolitros y el consumo apenas supera los 7 actualmente). La cantidad de vino consumida, y en particular la de vino de mesa, depende (inversamente) del precio, del consumo de cerveza y de bebidas refrescantes y de la población, lo cual es coherente con los datos que apuntan a que el consumo de vino es mayor entre personas mayores que entre jóvenes, por lo que el aumento de población es mayor en el segmento menos consumidor que en el más consumidor. En el consumo de vino con denominación de origen o indicación geográfica protegida, pesan el precio y el gasto total de los hogares, y no fueron significativas las variables de consumo de cervezas y bebidas refrescantes, lo que induce a pensar que el vino con denominación de origen tiene un patrón de consumo distinto del de cerveza y bebidas refrescantes.
La caída del consumo, aunque puede explicarse en gran parte por estos factores, se ha acelerado en los últimos años . Si hubiera que buscar causas que expliquen este hecho, podría pensarse, naturalmente, en la crisis económica que ha contraído el consumo en general y también podría relacionarse con la aprobación del permiso de conducir por puntos (julio de 2005) y con el endurecimiento en las medidas para evitar la conducción bajo los efectos del alcohol (en julio de 2006 se aprobó la reforma del código penal que incluía la conducción en estado ebrio entre los delitos). Ambas causas son también coherentes con el descenso más acusado en el sector extradoméstico, pues la crisis económica hace que las familias restrinjan el consumo fuera del hogar (más caro) y el consumo extradoméstico suele aparejar también más probabilidad de conducción que el doméstico.